Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Genoma


Matt Ridley


Británico, periodista divulgador de la ciencia y doctor en zoología, escribió en 1999 una serie de precisos ensayos sobre el genoma humano.

Genoma, la autobiografía de una especie en 23 capítulos, es un ameno recorrido por un intrincado mundo en el que el lenguaje tiene sólo 4 letras que se acoplan formando 20 frases y que resultan finalmente en 300 000 dialectos diferentes, la bases nitrogenadas, los aminoácidos y el proteoma, respectivamente.

De un modo ameno, preciso y certero, Ridley narra la historia del genoma humano desde la existencia del último LUCA hasta la pelea por la supremacía que los cromosomas X y Y libran en la actualidad para crear al humano perfecto.

No es simmplemente un libro técnico que aporte datos doctos sobre genética humana, sino una puerta para que cualquiera con un mínimo conocimiento en biología entienda cómo funciona lo que puede ser la más intrincada red de reacciones químicas, que la evolución ha puesto en cada una de las células no sólo humanas, sino de todos los animales.

Un libro como éste no puede pasar la prueba del tiempo sin resultar incompleto hoy, diez años después de su publicación, cuando los conocimientos sobre el tema que trata han alcanzado niveles impensables en el momento en que fue escrito; sin embargo, creo que lo más destacado del libro es que allana el camino para plantear interrogantes sobre nuestra relación con otras especies: El genoma es cien por ciento humano, o tiene segmentos de material que pertenecen a otras especies con las que estuvimos en contanto en la antigüedad? Si sólo unos cuantos genes nos diferencian de la mosca de la fruta, por qué somos tan diferentes? En qué momento el humano se separó de los homínidos con los que guardamos menos semejanza que con la Drosophila melanogaster? Cómo es que el cromosoma X regula la función del Y? Cómo nos ayuda la genética para saber si un sospechoso de asesinato es culpable o inocente? Cómo explicar que los niños de 3 años conjuguen verbos sin saber absolutamente nada de gramática? Qué es en genética una quimera? Por qué el 70% del genoma humano es silente y sólo 30% produce proteínas capaces de hacernos lo que somos?

No se piense que este libro es un truco de magia: el autor no formula la pregunta sobre cómo es que la inteligencia se hereda para después hacer unos cuantos párrafos de humo y explicar, deslumbrando al lector, lo que es una teoría reluciente o un hecho evidente. Lo que hace es presentar datos referenciados dejando que el lector se formule las preguntas. Todo está ahí, en el libro, como toda la información está inscrita en el genoma esperando que alguien con paciencia y cierta capacidad de abstracción la descifre, ordene y presente como hipótesis o hecho científico demostrable y reproducible.

Médicos, genetistas, biólogos y matemáticos, profesores, y legos pueden disfrutar esta obra ya como historia antigua (en la ciencia 10 años son una eternidad) o como trampolín para saltar al ejercicio de la abstracción.

En México se editó por la filial de Punto de lectura.

Por supuesto, como digo en casi todas las entradas, vale la pena leerlo, sino, no me ocuparía en recomendarlo.


Ridley M, Genoma, la autobiografía de una especie en 23 capítulos, Punto de Lectura, México, 2006

viernes, 26 de diciembre de 2008

Sísifo y Penélope

Ruy Pérez Tamayo
Patólogo, maestro de la UNAM y miembro del Colegio de México, investigador de tiempo completo y escritor y divulgador de la ciencia en lo que le resta del día, Pérez Tamayo nos regaló, hace montones de años, esta obra comparativa.
Estableciendo una muy clara diferencia entre científicos y tecnólogos, Pérez Tamayo nos ofrece una visión mundana de lo que la ciencia y la tecnología son en la actualidad. En palabras del maestro, la ciencia es lo que hay que hacer para saber y la tecnología lo que hay que saber para hacer.
Un científico, nos dice el autor, es quien está buscando generar un conocimiento que pueda ser aplicado en la cotidianeidad más tarde, mientras que el tecnólogo nos da las herramientas para facilitar el trabajo. El objetivo de la ciencia es el conocimiento, las herramientas de la razón para desentrañar los fenómenos de la vida. La tecnología tiene por objetivo facilitar objetivos particulares por medio de la creación de herramientas que realicen el trabajo.
Así, entendemos que un tecnólogo crea herramientas que facilitan la vida diaria, mientras que un científico nos da los conocimientos para entenderla y, dado el caso, dar al tecnólogo una guía para su creación.
Sísifo debió empujar una piedra cuesta arriba aún sabiendo que su labor no tendría frutos, que cada noche, antes de alcanzar la cima, la piedra caería cuesta abajo nuevamente para que el trabajo recomenzara la mañana siguiente. Su trabajo, aún cuando se esforzara en terminarlo, no daría frutos jamás.
Penélope tejía bajo el argumento de la espera. Sabía que su trabajo le daría un fruto: el tiempo, precioso en su caso, para que su esposo regresara de su empresa y la salvara de sus pretendientes. Su trabajo, que no requería mayor esfuerzo, tenía un objetivo.
Dándonos un panorama muy completo de cómo se (mal)hace la ciencia en México, Pérez Tamayo usa esta comparación argumentando que el trabajo del científico tiene un objetivo final, la adquisición del conocimiento no por el conocimiento per se, sino para que su razonamiento nos redunde en un beneficio. Por el contrario, el trabajo tecnológico no da herramientas para la vida diaria, sin un objetivo particular más allá de facilitar el trabajo.
Aún si Usted no se dedica a la ciencia, Sísifo y Penélope, invenciones y asombros varios sobre la ciencia en México y en el mundo entero, puede darle una visión básica del trabajo de los científicos y los técnicos en muchas áreas del conocimiento.
Editado actualmente por el Fondo de Cultura Económica, cuesta alrededor de 150 pesos, un precio barato si la obra es suficiente para entender un tema que en México es completamente desconocido.
Búsquelo y léalo sin cartabones y sin prejuicios. Puede resultar sorprendido.