martes, 26 de mayo de 2009

Rumor spreading ´round, in that Texas town...


ZZ Top es una banda de rock-blues que tiene varias peculiaridades: las largas barbas que sus integrantes han ganado a través de los años, la cohesión de sus tres miembros (Billy Gibbons, Joe “Dusty” Hill y Frank Beard) que han hecho excelente música por más de 40 años sin haber recibido ni perdido a un integrante, su origen texano que, indiscutiblemente, ha influido en su música, su vestimenta y su nombre mismo, probablemente originado en un éxtasis blusero, probablemente tributo a BB King, probablemente pretensión de llegar al tope desde el último puesto de la lista.
Nacida en Houston, TX a mediados de los sesenta, la banda ha sobrevivido a sus contemporáneos rockeros (excepto a Sus Arrugadas Majestades, The Rolling Stones) conservando un estilo preciso, mezcla de primitivo y rítmico blues, (melancólico, esencial y arraigado grupo de acordes que entró a la historia gracias a los cánticos de los esclavos), y rock que, por definición, es duro, elementalmente poderoso, energizante e impertérrito, universal representación de la energía del ala joven de la sociedad moderna necesitada de expresar su energía por cualquier medio: político, social, cultural (que incluye, por supuesto, la música. Hay que recordar que el rock no nació solamente en Estados Unidos, sino como parte de un movimiento mundial de expresión cultural, probablemente iniciado en los años 30 y 40 con bandas como la de Glen Miller, Benny Goodman, Lester Young, Charlie Parker, Artie Shaw, y que su paternidad es promiscuamente compartida por muchos grupos).
El primer disco de ZZ Top se llamó, simplemente ZZ Top first album, editado en 1971. Luego siguió Rio Grande Mud, en el 72 y para 1973 editaron el disco que nos ocupa ahora: Tres Hombres (julio, 1973, Brian Studios & Ardent Studios, Memphis, TN, productor Bill Ham –quien, por cierto, ha producido todos los discos de la banda).
La primer canción del álbum, Waiting for the bus, parece un canto de esperanza que la banda hiciera para obtener buenas ganancias de su trabajo, referente a las penurias de vivir sin comodidades, esperando que éstas lleguen algún día. Un blues de principio a fin, se disfruta cuando el solo de guitarra comienza a sonar.
La peregrinación contenida en Jesus just left Chicago, que pasa por Mississippi, California, and all the points in between, es simple reflejo de aquello dicho por AC-DC, de que es difícil llegar a la cumbre, driving down the highway, goin to a show, stop in all the byways, playing rock n´ roll… disfrutando hacer canciones como ésta, pareciera que la banda se congració con el rock aun con todas las penurias que le hizo pasar.
Beer drinkers and hellraisers parece un momento de éxito de una banda cualquiera, que por fin es capaz de encender multitudes con una guitarra bien afinada. Lo excepcional de esta pieza es la música, más que la letra, pero el ritmo encendido y violento que tiene compensa la carencia de más estrofas. De cualquier modo, el rock no es poesía, sino rock.
¿Qué llevaban Slim y sus amigos en la jaula? Algo tan poderoso como para sacar chispas que se vieran a una milla de distancia, eso por seguro. Algo tan inusual que embebiera con su presencia a cualquiera que posara su visión sobre ello. Algo capaz de mantener a su prisionero eternamente elevado a amo de las chispas sin dejar de ser prisionero de su objeto de deseo. Probablemente, Master of sparks, cantada con una voz cascada que no deja de ser al mismo tiempo melancólica y enérgica, sea una alusión al mismo rock and roll.
Hot, blue and righteous parece ser un momento de contrición cantado suavemente, bluseado, con acordes melancólicos que, no por eso, dejan de ser intensos, es un pequeño elogio a la inspiración que lleva la composición de bellezas como esta pieza.
Move me down to the line, llévame a la frontera, a la línea, al borde, al límite, no importa, pero hazme sentir bien, acércame al rock, sin dejar que el gallo y su canto nos inoportune, sin permitir que las distancias nos alejen del nosotros mismos.
Precious and Grace pueden ser dos muchachas del tipo que te puedes encontrar en una carretera, invitarles una cerveza y subirlas en tu coche. Sabes que ellas te van a tratar bien si tú las tratas igual. Ve despacio que, finalmente, todos saben a dónde van. Y cuídate. Un boogie, me parece, enérgico en sus acordes, dice la leyenda que fue escrito cuando dos integrantes de la banda recogieron en la carretera a dos chicas, preciosa la una y graciosa la otra, que resultaron dos asaltantes hechas y derechas.
¿Quieres conocer un lugar nuevo, donde siempre hay chicas lindas y que está tan concurrido, que siempre estás apretado? La Grange, traducido por algún torpe como La Granja, es una canción emblemática de ZZ Top, tal vez la pieza del grupo más escuchada. Su guitarra que inicia con acordes suaves dentro de su naturalidad, con un redoble de batutas sobre el borde del tambor, se transforma en una voz enérgica que envuelve y que arrastra al verdadero rock. Esto es el rock. Esta es una de las piezas iconográficas del rock mundial. Simplemente, déjame saber si quieres ir a ese lugar…
Sheik es un delirio febril. Mozambique, México, Cuba y 110°F de temperatura se mezclan para esta pieza que tiene un ritmo extraño, pegajoso. Personalmente, es la que menos me gusta del disco. Y sin embargo, es una buena rola.
Have you Heard? ¿Acerca del cielo? ¿Vienes o vas? ¿Has escuchado un blues como este, que pareciera salido de una iglesia, un canto sacro con la elemental fuerza del rock, como un grupo de gente negra que le canta al Señor? Esta canción bien puede ser objeto de culto. Blues suave, melancólico por definición, Gibbons, Beard y Hill lograron una excelente melodía en la que, como en sus otras canciones el bajo es una insinuación, y parece que se escucharan dos guitarras y una batería.
De entre los 19 discos editados por ZZ Top desde 1971, probablemente éste sea el que más público le atrajo al grupo.
Es un disco que hay que tener si uno quiere hacer una buena fonoteca del rock.

sábado, 9 de mayo de 2009

La Guerra del fin del mundo, Mario Vargas Llosa


Bello Monte, estado de Bahía, Brasil, circa 1880.
Entre los pueblos del sertón anda una figura escuálida que inspira temor y recelo en los hombres y piedad en las mujeres. Llega a los caseríos directamente a las ruinas de los templos, ora de bruces, repara piedra por piedra los cementerios. A veces acepta un plato de farinha que la gente le ofrece, a veces nada. A cambio, los sertaneros escuchan predicar al hombre de la túnica rota la Palabra y sus vidas recuperan un poco de esperanza. Algunos pobladores, cambiando su propia miseria por la nada del santo, le siguen por el sertón, con los pies llagados y el corazón alegre. Se les oye cantar. Y cada vez son más.
Un pelirrojo anarquista aparece en las oficinas del periódico oficial de Bahía y pide que le publiquen un desplegado. Sus palabras son ardientes y calan hondo en la herida de la autocracia, de facto amenazada por la democracia. El papelillo pide que la gente apoye a los yagunzos, los alzados de Canudos. Su petición no encuentra respuesta y decide entregar su vida al encuentro con quien, para él, representa todos los ideales del hombre libre: Antônio Vicente Mendes Maciel, conocido por sus seguidores como O Conselheiro.
María Quadrado, el León de Natuba, Joao Satán, Antonio Fogueteiro y otro tanto de desarrapados han encontrado en el Consejero la respuesta a sus plegarias. Le han seguido, le han elevado a mesías, le han canonizado en vida y a él han consagrado sus miserables existencias en una alegre observancia de ninguna ley más que la de dios, negándose a usar el dinero de la república, negándose al matrimonio civil, tachando al Censo de anticristo. Se apropiaron de los territorios de Bello Monte, rebautizado por el Consejero como Canudos, propiedad de dios antes que del Barón de Cañabrava, para vivir en paz con el creador y fortificados en un santuario para recibir el muy cercano fin del mundo, profetizado para el año 1900.
Epaminondas Gonçalves y su rival político, el Barón de Cañabrava, se reúnen para afrontar la crisis.
Rufino busca venganza por la afrenta que su mujer ha sufrido.
Canudos se cierra para que los infieles no penetren sus murallas.
El ejército se prepara.
La muerte sonríe, afilando la faca.
La guerra del fin del mundo, la primera novela de Vargas Llosa que leí, es un monumento que representa, y señala, sin censurarla, la intolerancia, la ignorancia, el fanatismo, los enjuagues políticos, las pasiones, el honor, la estupidez intrínseca del humano. Terrible, más que la novela, es el hecho de que sea real. Tuve en la universidad una maestra brasileña (a la que, claro, le decíamos maestrinha, qué originales) que me vio leyendo el libro (habrá sido la sexta o sétima relectura en 15 años) y me confirmó que el hecho está en los libros de Historia de su país. La foto al principio de esta nota tiene un pie que dice: The only known photograph of Antônio Conselheiro, taken after his death in September 1897 (crédito de la foto a http://en.wikipedia.org/wiki/Antonio_Conselheiro). Esto confirma dos cosas: una, que no sé ni madre de historia de Brasil y, dos, que no hay nada más abstracto que la realidad, la cual, dice Taibo II, siempre es más cabrona.
Disfrútenlo ahora que lo reeditó Punto de Lectura y cuesta cerca de 150 pesos.

En descargo


El maestro Mario García, ingeniero y literato, amigo y escritor, tal vez la única persona que lee mi blog (si hay otras, deberían dejar un comentario de vez en cuando), me preguntó por qué chingaos he dejado de escribir. La respuesta es sencilla: la especialidad me quita mucho tiempo. Pero ahora que he encontrado cómo distribuir mi tiempo, regreso a las letras.
Mentira.
La razón principal es, en realidad, que nada de lo que he escrito últimamente me gusta y eso incluye las notas postanestésicas de mis pacientes. Aunque no me considero un escritor, porque el teclear dos palabras juntas no es lo mismo que escribir, me sentí como aquel personaje de Stephen King, Michael Noonan, el protagonista de Bag of bones, el que sufre un bloqueo de escritor (pronto les presento un resumen).
Pero, haciendo un esfuerzo, prometo escribir más frecuentemente.
Pensándolo bien, eso de que alguien reclame porque uno ha dejado de hacer algo es estimulante.