martes, 28 de junio de 2016

Programa 3 de El Anfiteatro

En este episodio: zombies, eventos cadavéricos, Todo lo que muere, El Señor Penumbra y su librería 24 horas abierta, En busca de la espada de diamante.
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martes, 17 de mayo de 2016

Serie En la mira





Cuando esto escribo, es 1 de mayo de 2016. Hace dos días fue presentada (al menos, en Ciudad Juárez) una serie de novela negra titulada En la mira, por la editorial Artificios, de Mexicali, BC; libros estos impresos hace menos de 30 días en aquellas latitudes.
Yo no pude estar presente en la librería-café donde se realizó el evento, pero alguien muy cercano a mí sí que lo estuvo, y tanto que algunos autores son sus conocidos y alguno incluso fue su maestro en la carrera de Letras.
Con recelo, debo decir, porque ya había leído algunos de sus cuentos sin que llegaran a gustarme, y porque la producción local de novela negra (tanto de historias como de su análisis) me ha parecido más bien escasa e insípida, cuando no francamente demasiado académica y con tendencia a establecer asociaciones inexistentes entre los autores del género en el país, como Ibargüengoitia-Leñero-Bernal.
(Recuérdese por quienes ya hayan leído este blog y sépase por los que llegan a él por vez primera, que yo sólo soy un lector de esos que los académicos llaman “ingenuos”, que no sabe –en teoría, nada de teoría literaria y que mi única experiencia son años leyendo novela negra clásica y contemporánea, es decir, de Dashiel Hammett a Élmer Mendoza, de Raymond Chandler a Qiu Xiaolong, de Joseph Conrad a Petros Markaris y haciendo paradas en Nesbø, Connolly, Taibo II, Highsmith, Black… con ciertos guiños, cuando ya me he puesto yo mismo demasiado lacónico, hacia Christie, Clancy, LeCarré, Forsyth, Windsord… Si esto le parece al lector una presunción, seguramente sea porque lo es; pero también es un disclaimer de que, como público, tengo tanto derecho a expresar mi opinión sobre una obra como el autor de la misma de decir lo que le venga en gana con las palabras que más le acomoden).
Sin reservas, entonces, he de decir que el primer libro que leí, el llamado De la vieja escuela y escrito por José Juan Aboitia, me pareció torpe en un principio: Joaquín S. Ceniceros parece recibir su pago por hacer nada, ya que sus primeros dos casos se resuelven por sí mismos; mientras él evidencia su descarado alcoholismo y se queja de la falta de pornografía de calidad, trata de reafirmarse como un tipo duro a base de repetición de la frase, como si fuese un mantra. Uno de sus acoples, el Bronco, me recuerda sin remilgos al “Gori” Ortigoza de Élmer Mendoza, aunque su segundo acople, Lomelí, me parece un segundón más rescatable que el anterior. Vagamente, pero en definitiva, Ceniceros es, para mí, una mezcla de Belascoarán Shayne y Mario Conde, los detectives principales de Taibo II y Leonardo Padura; la comparación se basa en la gabardina arquetípica, el divorcio, el retiro de la policía, al soledad de la vivienda. Hay un solo diálogo lacónico al estilo de la vieja escuela en la obra que me parece rescatable. Sin embargo, fuera de los lugares comunes a los que recurrimos todos los que hemos escrito un cuento o novela negra (claro, me incluyo porque yo también lo he hecho aunque no he publicado) como el hijo del influyente que entra a los negocios sucios de la familia (Balas de Plata), las mafias chinas (El complot Mongol y Sombra de la sombra), la bella mujer que entra al despacho del detective (aquí van todas las novelas negras que he leído, o casi todas…), la historia mejora hacia el final. Y mejora tanto que espero que el final de este libro sea el inicio del siguiente. A los lectores nos gustan los personajes que se repiten a sí mismos, que son fieles a sus costumbres tanto como a su público.
El segundo libro es Afecciones desordenadas, de Nylsa Martínez, escritora mexicalense. Cuatro cuentos forman el cuerpo de la obra: Y todo por la Zuly, Mariana Wong y Marco Aurelio Beltrán, Hojas de taquigrafía verdes y Los afectos desordenados. El primero me parece muy cargado de locuciones en cursivas (bato, morra, chacalear, carrilla, cura, pistear, neta…) que, si bien es cierto que son muy acá, del norte, no hay que andarlas justificando en itálicas a cada momento que, total, nadie le va a dar carrilla a una norteña por que las use, ¿si sabe cómo?, acá, cada que las wache un bato de otro laredo; ya quien las lea sabrá si las busca en el diccionario de mexicanismos o no (¿Ha usted leído a Mendoza?), pero mientras, dan pereza en letra inclinada. Me parece muy en el estilo del autor de la serie del Zurdo Mendieta, cuando menos en apariencia, pero es una historia mucho más corta que las de él. El segundo cuento es una historia del encuentro entre la raza normal y la raza del narco, una zona gris en la que todo se mezcla y nada se escapa, con la prepotencia evidente del pudiente y la violencia del que las puede. La tercera historia es una cosa rara: un personaje inteligente, una mujer (siempre los son, aunque hay excepciones igual que en cualquier otro aspecto y género de la vida humana) anda por la vida oyendo, en sus palabras, canciones un poco cursis (Manuel Mijares no es un poco cursi, es, simplemente, malo) y tratando de averiguar sobre unos esqueletos para hacer un doctorado (no puedo evitar recordar a otra , la Elena Jordán exesposa de Julio Ramírez, uno de los principales de Cuatro Manos, de Taibo II, una antropóloga que también pasa la novela haciendo un trabajo de investigación para una tesis de posgrado que le rechazan a cada paso). El cuarto cuento me hizo recordar algunos de los cuentos de Cortázar, en los que el final es apenas entrevisto entre las brumas de palabras y situaciones misteriosas, tras las que parecen ocultarse fantasmas de seres-dioses-demonios prehispánicos. En mi humilde opinión, descartando el segundo cuento, es un buen libro pero no me parece novela negra en absoluto (¿será, acaso, que por el título de la serie yo esperaba novela negra pura?).
            Lucky Strike, del, también, mexicalense Gabriel Trujillo Muñoz, es el tercer libro de esta serie que está en mi poder. Trece cuentos, trece historias. Algunos son cuentos en el estilo de la novela negra, otRO es de terror, otros son, a mi parecer, del género narco, uno es casi un evangelio de lo corta que es la vida de un alborotador, uno es una descripción de una travesura y el último es una venganza muy al estilo de El Padrino de Mario Puzzo. La verdad sea dicha, de los tres libros de la serie que llevo leídos al momento (leo uno y escribo su crónica, luego tomo el siguiente y lo mismo, que todos rondan las cien páginas), éste me gustó más. No por nada el autor ha incursionado en la novela policiaca, la novela fantástica y otros géneros, según describe la contraportada del libro. Especialmente me ha gustado La mujer fatal y su juego con los nombres de los detectives: una joya de dos páginas. Sólo creo que, Sam Chandler y Phillip Spade no cuadra bien; tal vez debería ser Sam Marlow y Phillip Spade o, para hacer el juego de palabras más interesante, Sam Marlow y Phillip Hammet. Es sólo una idea.
            Por el momento, de los 5 libros de la serie En la mira que han llegado a mis manos, sólo comentaré estos tres. Tengo un proyecto con la serie Charlie Parker de Connolly y mucho trabajo en la maestría, por eso publiqué esta crónica dieciséis días después de haberla escrito.
            Pronto las dos que me falta de la serie: Hotel Kennedy y El tiempo corre lento para la muerte; ambos títulos prometen.
¡Bis bald!

lunes, 2 de mayo de 2016

El Anfiteatro, programa 2



Descripción de El Anfiteatro Programa 2: Quiromancia y Lofoscopia, El complot mongol y 1984

Bienvenidos a este segundo episodio de El Anfiteatro en que revisamos tres temas: en El mundo forteano hablamos de Quiromancia; en La ciencia para todos revisamos la contraparte científica de la quiromancia, la Lofoscopia; en Los libros recomendamos El complot mongol, de Rafael Bernal y 1984, de George Orwell.

viernes, 15 de abril de 2016

Programa 1.1 03ABR16 El Anfiteatro

Aquí presentamos el primer programa de El Anfiteatro.
Este proyecto tiene la intención de hacer difusión de temas relacionados a creencias y misterios y su contraparte científica, analizados desde el punto de vista de las ciencias forenses. También se habla de libros y se hacen recomendaciones sobre los mismos.
Por supuesto, cualquier error en los contenidos o el formato son mi responsabilidad y agradeceré cualquier aclaración al respecto al correo que se encuentra al principio de este blog o al que se meciona en el programa.
El programa está alojado en Ivoox. Agradecemos a los diseñadores de la página la oportunidad de permitir al público general la publicación de este tipo de contenidos. Esperamos lo disfruten.

jueves, 17 de marzo de 2016

De Raymond Chandler



 
 El largo adiós

Raymond Chandler fue uno de los principales escritores del género negro. Hay quien afirma que superó a Hammett en eso de usar un lenguaje lacónico,(1) pero esto me parece excesivo: leer a Hammett es una ejercicio de condensación, de comprensión de un lenguaje sucinto; leer a Chandler no me parece tanto en modo alguno.
Tanto Hammet como Chandler publicaron en la revista Black Mask, pero hay que recordar que Hammet lo hizo apenas acabada la grad depresión y que Chandler publicó su primer libro hasta 1959 y, aparentemente, tratando de emular a Hammett.(2)
Pero Hammett tiene un estilo que sí fue, en efecto, nuevo, y Chandler, con toda su genialidad, no. Es decir, que leer a Chandler es como leer a un Hammett menos lacónico, con un personaje disímil a Sam Spade en que Phillip Marlowe, el detective de Chandler, es un poco más locuaz, mucho menos sarcástico y casi igual de cínico que aquél.
Sin embargo, Chandler tiene la gracia de haber sido otro de los autores que sacaron la vida de los detectives de los salones de té de las casas ostentosas para colocarlos entre los maleantes de todos los días, los que matan y mueren en las calles. Es en esas calles en las que Marlowe se encuentra frecuentemente con policías corruptos, violentos, prepotentes en quienes no es claramente distinguible la línea divisoria entre el delincuente y el representante de la ley. Y sin embargo, tampoco el detective es todo candidez: aun cuando sus acciones están encaminadas a un fin superior (la justicia entendida en su particular sistema de valores), frecuentemente transgrede las leyes para conseguir sus objetivos.
¿Fue Chandler el que dijo que, si la novela que estás escribiendo se atasca, hagas que se abra una puerta y entre un tipo disparando un arma? Esto viene al caso porque ese tipo de giros son frecuentes en la obra que abordamos, El largo adiós.
Como siempre, no voy a hacer un resumen del libro. Si quiere saber de qué va, léalo. Pero sí diré que es una buena obra para comprender a otros autores más recientes del género negro, como John Connolly o Benjamin Black (el primero ya ha sido mencionado en este espacio y el segundo lo será pronto), quienes emulan el modo de escribir de autores como Chandler. Para personas como yo que creen que es mejor un buen libro que una mala serie de televisión, el atractivo de libros clásicos como El largo adiós supera por mucho a obras en las que la gente parece incapaz de funcionar si no está online.
Sin que supere a Sam Spade, Phillip Marlowe es un personaje al que vale la pena leer.

Bis wir wieder lesen.

imagen: RMS


The long goodbye

Raymond Chandler was one of most important writer of the so called black novel. There is ho says that he exceeded Hammett in the use of a laconic language,(1) but I think this is excessive: reading Hammett is an exercise of condensation, a concise understanding of language; reading Chandler does not seem alike to me at all.
Hammet and Chandler published in the Black Mask magazine, but is to remember thant Hammett did it just at the endo of Big Depression and that Chandler published his first book until 1959, apparently, trying to emulate Hammett. (2)
But Hammett had a style that was, in fact, new while Chandler, gorgeous as he was, did not. Meaning that, reading Chandler is like reading a less laconic Hammett, with a character different to Sam Spade as Phillip Marlowe, Chandler´s detective, a little more loquacious, much less sarcastic and almost equally cynical.
However, Chandler has the grace of being another of the authors that take detectives out of the tea rooms in rich houses and put´em between the average and every day gangsters, those who kill and die in the streets. Is in those streets where Marlowe frequently finds corrupt policemen, violent and proponent ones in whom is hard to say where ends the law and begins the crime. Yet, the detective is not all goodness himself: even as his actions are oriented to achieve a superior cause (justice, understanding that in his value system), frequently crosses the line to achieve his purposes.
Was it chandler who said that, if the nouvelle you are writing gets stuck, make a door opens and a man with a gun comes in shooting? This is beside the point because this king of twists are frequently used in the play we are talking about, The long goodbye.
As always, I am not making a resume of the book. If you want to know what it is about, read it. I´ll rather say that is a good book to understand ther black genre authors as John Connolly or Benjamin Black (first has been mentioned in this space and the second will be soon), whom emulates the writing style of authors as Chandler himself. To people like me that believe a good book is too much better than any TV show, the attractiveness of classic books as The long goodbye exceeds by much plays in which people seems to be non-functional at all if not online.
Without exceeding Sam Spade , Philip Marlowe is a character that is worth reading.

Bis wir wieder lesen.

image: RMS

1. 100 volando: “El simple arte de escribir”, de Raymond Chandler [Internet]. [citado el 17 de marzo de 2016]. Recuperado a partir de: http://100volando.blogspot.com/2008/08/el-simple-arte-de-escribir-de-raymond.html
2. Molina  por J. Raymond Chandler, el padre de la novela negra | Jaime Molina [Internet]. [citado el 17 de marzo de 2016]. Recuperado a partir de: http://jaime-molina.com/raymond-chandler-el-padre-de-la-novela-negra/

viernes, 19 de febrero de 2016

Trancapalanca, Élmer Mendoza


Élmer Mendoza, de quien ya he escrito antes en este espacio, publicó en 1989 un libro de cuentos llamado Trancapalanca.
Los cuentos son de lo más variado en temática y no salen del estilo que Mendoza ha pulido a lo largo de los años, aun cuando este libro es previo a los que le hicieron famoso con la serie de Edgar Mendieta, el Zurdo, incluso antes de Un asesino solitario, la novela que lo puso en el candelero, antes de El amante de Janis Joplin.
Algunos de los cuentos son, en palabras del mismo Mendoza, descaradamente cortazarianos, con neologismos muy en el estilo del argentino pero en palabras muy del sinaloense.
De entre los cuentos, todos recomendables, uno de los que yo encuentro mejores es La solución y otro, igualmente disfrutable, es lo que parece una narración de un combate de box en Boxeo es más que un anglicismo.
Este escritor es uno de los mejores del género que han llamado narcoliteratura, pero que yo creo que no deja de ser novela negra.
Se lo recomiendo.


Élmer Mendoza, from who I’ve write before in this blog, published in 1989 a short stories volume named Trancapalanca.
This stories are very different between them but they never go out of the narrative style Mendoza has improved along his writing years, even being this book previous to those that projected him, the Edgar Lefty Mendoza series, even before to A lonely murderer, the novel that put him in the spot, before than Janis Joplin’s lover.
Some stories are, in Mendoza’s words, brazenly Julio Cortázar’s style, using neologisms much in the style of the Argentinian but very in words of the Sinaloan.
From those stories, all of them enjoyable, I recall The solution and Boxing is much more than an Anglicism, a boxing match that makes you remember radio transmissions.
This writer is one of the best from that genre so called drug-dealer-literature which, I think, is still black novel.
I recommend it to you.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El hombre que amaba a los perros / THe man who loved dogs





En esta novela Leonardo Padura nos cuenta los últimos años de vida de Liev Davídovich Bronstein conocido como León Trotski, el ideólogo de la Revolución rusa, comisario del ejército y gran traicionado por Stalin, y la vida de Ramón Mercader, conocido como Jacques Mornard, su asesino, a través de la visión de un habanero que, azares del destino, se tropieza con dos perros galgos rusos, borzois, propiedad de un hombre que bien pudo ser el mismo Ramón Mercader.
Los caminos de los dos hombres, ruso y español, se van juntando en la narración hasta encontrarse en la casa de León en Coyoacán, ciudad de México, el 21 de agosto de 1940.
Una narración si no vertiginosa sí lo bastante rápida, nos va perfilando a los dos hombres centrales de la historia, en la que el narrador no es más que mera comparsa y sirve para narrar la situación de la isla, y muestra cómo el poder de Stalin llegó más lejos que la influencia política soviética.
Es una excelente novela y creo que vale la pena leerla para no olvidar quiénes fueron algunos de los principales actores de la política mundial del siglo pasado.

The man who loved dogs

In this novel, Leonardo Padura narrates the last years of the life of Liev Davidovich Bronstein also known as Leon Trotski, the Russian Revolution ideologist, Commisioner of the Army and the great betrayed by Stalin, and so narrates the life of Ramón Mercader del Río, also known as Jacques Mornanrd, Trotski’s murderer, through the vision of a citizen of La Habana that, twist of fate, finds in his way two russian greyhounds, Borzois, property of a man that perfectly could be Ramón Mercader.
The paths of both men, the russian and the spanish, goes converging in the story until they meet in Trotski’s house in Coyoacán, Mexico City, on August 21st, 1940.
If the narrative is not vertiginous is fast enough and profiles the two of the main characters, being the narrator just a bystander and is used to show up the Island sutuation, and show how Stalin’s power went farther tha soviet political influence.
It is an excelent novel and I think one should read it to not forget whoe were some of the most important actor of world politics during the last century.

Image: R.M.S.