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lunes, 19 de enero de 2009

The creature of the black lagoon

Harvey Essex, dirigida por Jack Arnold, 1954, Universal Studios.

Ya sé que a muy poca gente le gusta el cine de monstruos de los años 50.
Esto no se trata de asustar a nuestros recuerdos ni de pretender que los niños de hoy en día vayan a la cama con el hilo de frío en la espalda después de haber visto la película. (Los niños de hoy en día, por lo demás, no se asustan ni viendo muertos en el pe eme, pues menos en las películas en blanco y negro), sino de pensar un poco en la película.
Para los que no la han visto, es un technotriller de los años 50, época de oro de la ciencia ficción (jovencitos: si creen que Terminator 4 es el non plus ultra de la Sci-Fi, y que Final Fantasy es la neta de los efectos especiales, piénselo dos veces), cuya trama es bastante sencilla: El profesor Carl Maia encuentra una mano fosilizada de una criatura increíblemente extraña, una mezcla de mano humana y pata de pato, es decir, con cinco dedos y palmeada. Raudo, el profe Maia corre al Instituto (sería imperdonable la falta de un Instituto científico Americano en las riberas del Amazonas, tanto como en una película del Santo no puede dejar de haber vampiresas piernudas). Ahí averigua que el fósil es del periodo devónico y decide, con ayuda de Mark Williams y David Reed, ictiólogo uno y quién-sabe-qué el otro, buscar el resto del fósil. Los acompañan la bella Kay Lawrence (mamacita absoluta) y el Dr. Thompson (¿Se acuerdan de ese show de TV llamado “Viaje al fondo del mar”, donde un submarino cachetón, el Sea-View, se metía en las más absurdas aventuras? ¿se acuerdan del navegante, un jovenzuelo de overall rojo, Kowalsky? Ya ven chamacos, el pingüino no es el primer Kowalsky de la pantalla. Pues el Dr. Thompson es el mismo médico de a bordo, es decir, también el general que siempre enviaba a quién sabe dónde a los buenos muchachos del Túnel del Tiempo). Pues después de contratar un barquillo que los lleve Amazonas arriba, llegan al depósito de piedra donde Maia encontró primero la mano del muerto. Después de excavar y de, por otro lado, dejar en evidencia los queveres entre Kay y David que despiertan los celos de Mark, el grupo decide internarse en la Laguna Negra (a Paradise… only that, nobody has ever come back to prove it, hahaha!, se ríe el lanchero Lucas). Cuando ya están en la laguna y los doctores han colectado piedras que investigar, sigue lo emocionante. Julia Adams, quien representa a Kay, en ajustado traje de baño blanco, nos regala una secuencia de unos 3 minutos de belleza absoluta. Pero la criatura la ve y, claro, se enamora de ella. La rapta y luego la criatura es capturada. Escapa y cobra venganza de los intrusos que, mientras tanto, han estado alimentando su lucha intestina con los celos.
Pues claro, al final, la criatura muere en manos de la tecnología (unos científicos pudieron haber diseñado un método mejor para acabar con la bestia que las carabinas 30-30 que usaron, pero qué se le va a hacer).
Yo no sé si en esta historia haya una moralina y, la verdad, no me importa. Es una aventura que vale la pena disfrutar sin interpretaciones de esas que hacen los sociólogos que dirían que la criatura es un resentido social por su condición de aislamiento, que la celotipia de Mark es consecuencia de un problema de desarrollo relacionado a la lactancia, que la pobre criatura es resultado de la sociedad industrializada que deja de lado a sus miembros menos agraciados y pendejadas por el estilo. Vean la película, diviértanse y recuerden cuando eran niños y jugaban a ser el Dr. Spock. Salud.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Jurassic Park

Michael Crichton.
No solamente una novela de ciencia ficción. Primero, les recomiendo que consigan la película de Steven Spielberg, cuando la tengan, TÍRENLA A LA BASURA. Una vez hecho esto, consigan la edición de Ballantine Books de Jurassic Park y siéntense a entender un poco el meollo de la clonación.
Crichton no es (o era, desgraciadamente murió hace un mes) un simple escritorozuelo del montón de los que un día se dicen: Ok, I´m sitting here until I can write a little book... who knows? Someone may read it someday, al estilo que hacemos algunos. Este tipo fue un médico (no sé si bueno o malo) pero sabía mucho de ciencia, no de ciencia-ficción, sino de ciencia real. Escritor prolífico de novelas que se encasillaron en el género Technotriller, término acuñado por una editorial para clasificar los libros de Crichton, tiene, entre los más reconocidos, Jurassic Park, Sphere y Congo.
Supongo yo que él era un buen lector y, como a muchos de nosotros nos ha pasado, de tanto leer, le dio por escribir.
Jurassic Park es más que la narración de las aventuras de un grupo de científicos comandado por Mr. Hammond y Henry Woo, Ph. D, que un buen día se dicen: Bien, clonemos dinosaurios.
La trama comienza piniéndonos en antecedentes sobre el desarrollo tecnológico del estudio del ADN, de las técnicas de reacción en cadena de la polimerasa (que tuvo su boom en la década de los 90. Ahí te va un suspiro, UNAM), y del debate sobre la clonación de criaturas extintas que comenzó en los años 70.
Nos acerca novelescamente (por supuesto) al mundo del espionaje industrial, a la búsqueda de financiamiento entre la iniciativa privada (cuánto bien nos haría ésto) y a las intrigas que un secreto industrial tan grande puede tener entre los dedicados a la misma rama del conocimiento.
Pero creo que el hecho de que se clonen dinosaurios es incidental. Es mi parecer que Crichton (que, por cierto, también es creador de ER) quería, más que contar una historia de dinosaurios, poner al alcance del populacho (infelizaje en el cual me encasillo) un poco de datos, echar un poco de luz, para poder entender qué carajo es la clonación, tan en boga cuando el asunto de Dolly. Pero la ciencia es aburrida para el pueblo que prefiere el circo, y una historia alucinante de lagartos terribles que se comen a la raza con la mirada desgobernada es un buen gancho.
Técnicamente, el único error que yo le encuentro (si alguien conoce más, señálelos) es eso del "recurso de la lisina". Según Henry Woo, ingeniero con doctorado en alguna cosa relacionada al ADN, los dinosaurios de Jurassic Park no pueden vivir en el monte, libres, pues, porque ellos los "crearon" dependientes de la lisina, aminoáciodo esencial que se le suplementa a estos animales mediante el alimento. Como cualquier abuelita sabe, la lisina es una aminoácido componente de todas las proteínas, por lo que es imposible que los animales que coman plantitas silvestres no ingieran lisina. Pero creo que el desliz se le permite a Mr. Crichton que creó una obra maestra de la ciencia ficción, con mucho de ambas cosas.
Si en su ciudad hay una librería de viejo, den una vuelta por ella y busquen JP entre las novelas en inglés (yo no lo he leído en español, pero me gustaría ver la traducción) donde no les costará más de 15 pesos. Nuevo debe andar alrededor de 200. De cualquier modo, Jurassic Park es una novela que se disfruta desde el principio, siempre y cuando uno pueda borrarse de la mente la asquerosa película de Spielberg.