domingo, 25 de octubre de 2009

Balam V


Era el llamado.
Siempre lo había sentido de la misma manera: como una urgencia de la sangre. No. Más precisamente, como una urgencia que la sangre diseminaba por todo el cuerpo. En la sangre no podía residir ningún tipo de emoción, por eso había que derramarla.
Se levantó de la cama con la sensación de que sería un buen día, de que saciaría su necesidad pronto.
Tomó los instrumentos que tenía en un maletín de cuero y los esparció con amor por sobre la mesa. Los destellos brillantes que en los ángulos del acero despertaba la luz de la lámpara, bailaban en su rostro perfectamente afeitado.
Sonrió.




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