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miércoles, 9 de febrero de 2011

Balam VIII



 -No digas pendejadas… si esto fuera una novela se llamaría Los motivos de Clarice o alguna estupidez parecida.
Estaba en la calle Topacio, cerca de La Merced, ese barrio lleno de prostitutas aburridas y casas de bicicletas.
-No. Es un tipo que mata en serie. Todos los homicidios tienen cosas parecidas.
-Claro: los muertos.
-No seas simple. Hay algo más.
-¿Vas a comerte esto? –Le arrebató el vaso de fruta picada con chile.
Se levantó del cofre de la patrulla y empezó a andar sin esperar a ver si su compañero lo seguía. El otro lo alcanzó corriendo, los faldones de la camisa revoloteándole el cinto que hacía juego con las botas.
-¿Te han dicho que pareces policía judicial? –le preguntó con cierto interés.
-Nunca. ¿A ti te han dicho que pareces policía?
-Todos los días.
Con el sol brillando sobre sus cabezas se alejaron por entre los puestos de películas piratas y ropa barata.

domingo, 10 de octubre de 2010

Balam VII




Borracho. De nuevo.
Esto no debería pasar.
La última vez que satisfizo sus ansias había sido con una jovencita. Gritaba pidiendo ayuda a una virgen que no estaba tras las nubes negras que cubrían la ciudad. Había sido satisfactorio.
Pero ahora la necesidad lo atacaba de nuevo. Esa urgencia, esa maldita urgencia.
Se sabía perseguido, pero no importaba. Cuando la necesidad era tan grande, no había riegos que la rebasaran.
De nuevo, era el momento.

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martes, 7 de septiembre de 2010

Balam VI



-Anoche me soñé muerto.
El tráfico era ligero, curiosamente.
-Pero, no estaba muerto en realidad, sino, mejor dicho, anestesiado.
Avanzaban por las calles de manera fluida. No les había tocado ningún semáforo en rojo.
Calló por un rato.
-¿Y… luego?
-Nada. No más. Estaba tirado junto a una silla en la que había una joven. No la conozco. Pero yo estaba cerca de mi propia cabeza y me levanté un párpado para ver mis pupilas. Estaban vacías.
-Para mí, esas pastillas te están dejando loco.
-¿Cuáles pastillas?
Un microbús se atravesó, imprudente.
-Uno no se sueña muerto o anestesiado o lo que sea, así, sin más.
-No. Primero había estado tirado en la mitad de la calle San Lorenzo. Me llegó un mensaje al celular. Luego, en la acera estaba una cama en la que mi hijo mayor estaba sentado, triste, llorando. Junto a él estaba su madre.
-¿Platicaban?
Silencio. Sí. Claro que platicaban. Pero el recuerdo dolía.
-¿Sí o no?
Encendió un cigarrillo y fumó en silencio durante cinco calles. El otro lo miraba, alternando la vista entre la calle delante y su compañero. La radiofrecuencia transmitía órdenes y más órdenes; crípticas, para el que no supiera las claves: cero-cinco-de-cero-dieciséis, cinco-a-extra-veinte. Dieciocho-monitoreo. Cuatro-cuarenta-de-central. Treinta-y-tres-para-cuatro-cuarenta. Veintisiete-en-metro-metro-extra-tango-Romeo-Óscar-Balderas. ¿Dieciocho?. Dieciocho. Treinta-y-ocho. Diecinueve.
Basura.
-Ella le decía que cuando alguien te quiere, no te abandona.
Silencio en el volante. Otras calles más, en silencio.
-Tú no los abandonaste –dijo finalmente Alejandro.
-Trata de convencerme –dijo él y arrojó el cigarro a medio consumir por la ventanilla.


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domingo, 25 de octubre de 2009

Balam V


Era el llamado.
Siempre lo había sentido de la misma manera: como una urgencia de la sangre. No. Más precisamente, como una urgencia que la sangre diseminaba por todo el cuerpo. En la sangre no podía residir ningún tipo de emoción, por eso había que derramarla.
Se levantó de la cama con la sensación de que sería un buen día, de que saciaría su necesidad pronto.
Tomó los instrumentos que tenía en un maletín de cuero y los esparció con amor por sobre la mesa. Los destellos brillantes que en los ángulos del acero despertaba la luz de la lámpara, bailaban en su rostro perfectamente afeitado.
Sonrió.




miércoles, 16 de septiembre de 2009

Balam II


Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal
Subprocuraduría Delegación Venustiano Carranza
Servicio Médico Forense

Reporte de Necropsia

Averiguación previa: 32455 / 2007
Nombre: Herrera Sandoval Ángel
Sexo: Masculino
Edad aparente: 30 años
Reconocido: SI ( X ) NO ( )

Reporte de hallazgos:

Se encontró cadáver masculino en sitio abierto, terreno boscoso, sin ropas, sin efectos personales, el día 11 de agosto de 2007, a las 18:33 horas, según consta en reporte de levantamiento de cadáver número 3984 / 2007 y fue trasladado al SEMEFO para realizar estudio necrológico.
Cadáver masculino de aproximadamente 30 años de edad (Tanner) con livideces en región ventral al nivel de cara, tórax, abdomen, brazos, muslos y piernas. Piel marmórea y fauna cadavérica correspondiente a estadio de descomposición grado I. Rigidez cadavérica.
Cráneo con fractura escalonada en región temporal izquierda, de aproximadamente 4 centímetros de diámetro, con hundimiento de láminas externa e interna, fractura conminuta con fragmentos de hueso incrustados en masa encefálica que muestra licuefacción parcial y conservación de masas de tejido hemorrágico. Peso de masa encefálica 780 gramos. Base de cráneo sin alteración aparente en estudio radiológico.
Cara con múltiples maceraciones postmortem y contusiones premortem en región malar izquierda, con fractura de arco cigomático izquierdo y mandíbula izquierda en su rama ascendente. Ausencia de incisivos superiores e inferiores. Maxilar y mandíbula con avulsión anterior de piezas dentarias.
Cuello con huellas de estrangulamiento instrumentado con objeto de calibre aproximado a los 2 centímetros, no completamente circular, con tejido respetado en la región posterior del cuello, abrasiones y hematoma en región anterior. Hay fractura de apófisis laterales de vértebras C5 y C6, sin fractura de apófisis espinosas, con fractura de hueso hioides y avulsión de tráquea de los ligamentos suspensorios; importante edema traqueal y esofágico.
Tórax con pulmones flotantes, con cavitaciones en lóbulos inferiores de 2cm de diámetro la mayor y de 0.5 las menores, en número de 7, positivas a bacilo de Koch. Peso de masa pulmonar 1.3 kg. Corazón con sangre líquida en las cuatro cavidades, con área isquémica en terreno de arteria circunfleja derecha de aproximadamente 3x3cm, con extensión a la cara lateral derecha. Peso de masa cardiaca 280 g.
En abdomen se encontró cámara gástrica con escaso contenido alimentario casi completamente digerido, abundante ácido gástrico con pH 1.1, peso íntegro 1.115 kg, peso drenado 150 g. Intestino delgado sin patología evidente. Colon en porción descendente con materia fecal de peso aproximado a 300 g. Ausencia de vesícula biliar. Hígado discretamente graso, sin disrupción de su estructura, con peso de 2 kg y temperatura 18°C. Bazo y páncreas sin alteraciones.
Miembros torácicos con múltiples hematomas, sin fractura en exploración radiológica, con huellas defensivas producidas por instrumento cortante en ambas palmas, con corte profundo en antebrazo izquierdo cara lateral externa que afectó músculos extensores sin lesión vascular importante. Huellas de atadura en ambas muñecas con abrasión en dos trazos diferentes.
Miembros pélvicos íntegros, con abrasiones en ambas rodillas.
Genitales externos con abrasiones y positivos a semen en la piel. Ano sin huellas de violencia sexual.

Dictamen:

Traumatismo facial múltiple (fractura de cigomático y mandíbula izquierdos, LeFort I)
Traumatismo cráneo-encefálico severo (fractura en escalera de temporal izquierdo, producida con objeto romo de metal, probablemente un martillo)
Tuberculosis pulmonar (activa al momento de la muerte)
Insuficiencia coronaria aguda (Infarto lateral derecho de muy corta evolución)
Colecistectomía (antigua)
Estrangulamiento instrumentado (cuerda de una sola hebra, producida por terceros)

Causa de la muerte: Estrangulamiento.

Hora probable de la muerte: entre 48 y 72 horas

Dra. Olga Castañeda Guel
Médico Forense
Rúbrica.

C.c.p. Archivo
C.c.p. Policía ministerial
C.c.p. Averiguaciones previas

jueves, 10 de septiembre de 2009

Balam I

Una tarde miraba una cámara de seguridad que me dió la idea de un cuento, y comencé a escribir esta historia que, a falta de un mejor nombre, llamo Balam. seguramente no es la historia más lograda del mundo, menos si se circunscribe a un género literario como la novela negra que tiene gigantes representantes como Dashiel Hammet o Thomas Harris. Sin embargo, he tratado de poner en ella los elementos que, según yo y mi carencia absoluta de conocimientos de literatura, debe incluir una historia de ese tipo. He escrito apenas tres de los capítulos que han de conformarla y no sé aún cuántos falten. Sé, eso sí, que la historia morirá cuando quiera dejar de existir, cuando agote las situaciones capaces de emocionar al escritor y de emocionarlo como lector.
Publicaré hoy la primer parte de esa historia y la dejaré a la consideración de quienes, de algún modo, llegan a esta página redundantemente. La extensión de las partes o capítulos de esta historia me la dicta la historia misma, así que pueden encontrar uno de tres párrafos y otro de tres cuartillas. No se sorprendan ustedes por la irregularidad de la publicación: la hago en los tiempos libres que la especialidad me deja, que van siendo pocos de repente y muchos ocasionalmente. espero que la disfruten y, más importante, que la comenten en la barra lateral, si creen que vale la pena.


Balam
Un cuento por Ricardo Marcos-Serna

Parte uno

El señor Ángel Herrera llegó a la sucursal del banco de México a la que había sido enviado aproximadamente a las 11:49 horas. Aunque su turno terminaba hasta dentro de tres horas, él tenía la urgencia de resolver pronto el problema de las líneas de circuito cerrado para poder ir a la central antes de las 14 horas, porque había solicitado un permiso para ausentarse temprano. Pensaba en ir con su esposa al cine. La querida Mayra había estado pidiéndole toda la semana que la llevara a ver una nueva película con Harrison Ford como protagonista, y él había prometido llevarla hoy.
Cuando entró a la sucursal del banco, se dirigió directamente hasta el cubículo que ocupaba el gerente. El hombre estaba al teléfono y, al verlo, le hizo una seña para que esperara. Los gestos del hombre eran los de alguien irritado con un subordinado que no acabara por comprender una orden simplísima. El señor Herrera agradeció que en su trabajo, su supervisor fuera una persona amigable. A él no le gustaban los conflictos de poder. Aprovechó que el gerente estaba al teléfono para ver la colocación de las cámaras en el banco y notó que una de ellas no tenía la burbuja de plástico ahumado que debía protegerla. Cuando el señor Gómez, gerente de la sucursal, terminó su llamada, se dirigió directamente hasta donde él estaba y, sin esperar a ver si lo seguía, echó a andar hacia la puerta de seguridad. Cuando pasó debajo se la faltante burbuja de plástico color humo, dijo: “Tenemos un problema con esta cámara”.
El señor Herrera fue conducido por los pasillos internos del banco hasta la consola de pantallas de seguridad y, bajo la mirada vigilante de un policía, fue dejado por el señor Gómez quien, antes de salir de la habitación, dijo: “Espero que quede resuelto hoy mismo”.
El señor Herrera notó que la cámara no emitía señal alguna. Tras hacer unas breves pruebas con la computadora decidió que el problema obvio debía ser la conexión, así que fue a su camioneta por la herramienta y siguió la línea de cables hasta que encontró que una porción de ella estaba roída. Hábilmente cortó los cables, agregó una sección nueva y selló la línea; reemplazó la burbuja de plástico y dio por terminado el trabajo. Como precaución (lógicamente, siempre había que tener esa precaución de revisar la función de los equipos) regresó a la central de vigilancia y comprobó que todas las cámaras emitían su señal correctamente. Salió de la central de vigilancia con su herramienta rumbo a su camioneta.
Estaba parado nuevamente frente al cubículo del gerente llenado su reporte de trabajo mientras el señor Gómez hacía una nueva llamada; cuando éste hubo terminado, se acercó al señor Herrera quien le explicó cuál había sido la falla y en qué consistió la reparación. Parados uno junto al otro, el señor Gómez parecía su padre.
Después de entregar las copias del reporte de trabajo al señor Gómez, el señor Ángel Herrera salió de la sucursal con rumbo a su central para de ahí ir al cine, aproximadamente a las 13 horas. La siguiente vez que su esposa lo vio, el señor Ángel Herrera era una fotografía en la oficina del médico forense.